martes, 7 de diciembre de 2010

El agotamiento de los bienes no renovables.


La cantidad de agua existente en el planeta ha sido siempre la misma; el agua que

tomaban los dinosaurios es la misma que está aquí hoy. Su contaminación reduce la

cantidad disponible apta para el consumo humano, animal y vegetal. En este sentido

también muchos recursos que se entienden como renovables tienen también un límite:

el de la dimensión y salud de los ecosistemas que los sostienen. Como la extensión de la

superficie terrestre y los ecosistemas donde se desarrollan varios de los recursos

renovables son limitados, su desaparición, extinción y contaminación afectan la

cantidad y rapidez en que muchos de los recursos renovables se pueden reproducir.

Los países periféricos en su mayor parte basan su desarrollo económico sobre la suerte

con la que cada uno fue bendecido en el reparto de recursos naturales. Décadas de

pensamiento neoliberal han impedido pensarlos en forma estratégica y muy

especialmente cómo deben ser utilizados en el contexto de su agotamiento. Estos países

son empujados a explotar rápidamente sus recursos no renovables para mantener el

ciclo de pagos relacionados con su alto endeudamiento externo y la necesidad de divisas

fuertes para enfrentar sus compromisos y déficit de la balanza comercial.

Con la irrupción del neoliberalismo en la Argentina en la década de los ’90 se

transforma una historia de las grandes industrias relacionadas con los recursos

hidrocarburíferos y minerales que en su mayoría estaban en manos del Estado y

volcados al mercado interno y a los planes de desarrollo, así como a la soberanía

económica sobre recursos estratégicos. Paralelamente, se superpone la consolidación

mundial de una nueva tecnología minera: la llamada explotación a cielo abierto.

En el contexto de la reforma constitucional de 1994 se otorgan las riquezas del subsuelo a

las provincias y se comienza la reforma del código de minería. Esto significa para el país

que la unidad política que maneja las negociaciones con las corporaciones en nombre de

la sociedad para la extracción de los recursos, es el gobierno provincial y no una

autoridad independiente dentro de la esfera del gobierno nacional. La legislación actual

expresada en el código minero lleva la ideología neoliberal a tal extremo que parece no

tener racionalidad económica; es el sector que más privilegios detenta en el país. Otorga

el dominio de las riquezas a las provincias, y seguidamente por ley prohíbe al Estado

(nacional, provincial) o cualquier otro ente de origen público su explotación, llegando al

extremo en el cual si el Estado encontrase recursos minerales debe entregarlos a un

privado en un lapso menor a un año.

Además de esta particularidad que podría ser anticonstitucional, se les otorgan a las

empresas varios privilegios más, por ejemplo: estabilidad fiscal por treinta años por lo

que no pueden ver afectada su carga tributaria o arancelaria, disminuir sus beneficios

ni ver modificado su régimen cambiario; trato diferencial a sus ganancias, por lo que

las empresas pueden transferir al exterior el capital y las ganancias en cualquier

momento sin pagar cargas o impuestos sobre dichas transferencias y no tienen que

liquidar las divisas ni ingresar al país el 100% de lo producido por sus exportaciones.

Y por el Acuerdo Federal Minero Ley 24.228 las provincias y el Estado nacional acuerdan

eliminar todo tipo de gravamen, además están exentas de aranceles y tasas aduaneras,

no pagan derechos de importación o todo otro gravamen, derecho o tasa de estadística por

la importación de bienes de capital, equipos o insumos y se encuentran exentas del

impuesto al cheque y del impuesto a los combustibles líquidos. A grandes rasgos existen

en los países en vías de desarrollo dos situaciones en la relación entre sus riquezas

naturales y la búsqueda del desarrollo económico, con resultados muy dispares.

Están los países con recursos naturales no renovables que no tienen capacidad de

explotarlos por si mismos debido a un fuerte subdesarrollo que les impide contar con

capital y tecnología; son los países pobres de África, Asia y América latina que viven de

los impuestos a las corporaciones que explotan sus riquezas. Y están los países que por

diferentes vías explotan sus recursos no renovables. De estos últimos la mayoría detenta

un control estatal sobre los recursos (Codelco en Chile, Pemex en México, PDVSA en

Venezuela, Aramco en Arabia Saudita; NIOC en Irán) o lo hace a través de formulas de

capital mixto privado-estatal. En las últimas décadas los grandes países fuera del club

de las naciones ricas impulsaron agresivamente sus industrias de recursos y

guardaron celosamente sus reservas y la apertura de sus compañías.

Con políticas públicas claras basadas sobre el entendimiento del rol estratégico de los

recursos no renovables, India, China, Brasil, Turquía, Venezuela y Rusia, entre otros, ya

cuentan con grandes corporaciones estatales y nacionales que compiten a nivel

mundial. Un ejemplo: la compañía minera Vale, de Brasil, hoy está valuada en más de

140.000 millones de dólares, casi la mitad del PBI de la Argentina.

Desafortunadamente, en la Argentina la idea de desarrollo basado sobre nuestros

recursos no renovables es la de liquidar rápidamente todos los yacimientos y recursos a

las corporaciones extranjeras por muy bajas regalías, inexistentes controles y procesos

poco transparentes, sin entender el peligro de las externalidades de estas industrias.

No se internalizan los costos de los pasivos ambientales que producen. De esta forma, la

ecuación es desfavorable en términos absolutos.