Intervención de Eduardo Galeano en su nombramiento doctor "honoris causa" por la Universidad de La Habana (2001) "La Revolución Cubana sigue siendo contagiosa"Muchas gracias. En realidad, esas dos palabritas expresanperfectamente todo lo que tengo que decir, porque las estoy diciendode verdad y no por fórmula de obligatoria cortesía.Pero voy a agregar algunas palabras más, que quizás ayuden a explicarlos motivos de mi gratitud. Seré breve. No se asusten, por favor, quenadie salga corriendo: también estoy diciendo de verdad estas otrasdos palabritas, seré breve, que habitualmente anuncian discursos deplomo.No digo muchas gracias a la Universidad de La Habana solamente porque hacometido la irresponsabilidad de hacerme doctor, aunque este único gestobien valdría, de por sí, mi agradecimiento.Porque estaba visto que yo, que nunca fui estudiante universitario yaprendí lo poco que sé en los cafés de Montevideo, solo podía llegar aser doctor por algún acto de magia o generosidad.Había otra posibilidad, pensándolo bien, pero no se me dio. En mipaís, en un pueblo que se llama Cerro Chato aunque no tiene ningúncerro, ni chato ni puntiagudo, hubo alguien que tuvo esa suerte.Doctor Galarza, se llamaba. El padre lo había bautizado así, Doctor denombre, Galarza de apellido, porque quería un hijo con diploma y subebé no le pareció digno de confianza. Pero cuando yo nací, mellamaron Eduardo.Digo muchas gracias a la Universidad de La Habana por el doctorado ypor otro motivo que es, para mí, mucho más importante: porque eldoctorado viene de donde viene.No me gusta citar mis propios textos, habiendo tantos otros autoresque valen más la pena, y rara vez lo hago. Pero permítanme un par depecaditos.Hace treinta años, me preguntaba yo, a propósito de la actitud delgobierno de los Estados Unidos, que prohibía que sus ciudadanosviajaran libremente a Cuba: "Si esta Isla es, como dicen, el infierno,¿por qué los Estados Unidos no organizan excursiones para que susciudadanos la conozcan y se desengañen?"Ahora, me lo sigo preguntando.Hace diez años, formulaba otra pregunta sobre la infiernización deCuba: "¿Por qué voy a confundirla, ahora, con el infierno, si yo nuncala he confundido con el Paraíso?"Y ahora, me lo sigo preguntando.Ni infierno, ni Paraíso: la Revolución, obra de este mundo, está suciade barro humano, y justamente por eso, y no a pesar de eso, siguesiendo contagiosa.Pero muchos de los que antes la ubicaban en las alturas celestiales,ahora la condenan al fuego eterno. Antes confundían al socialismo conel estalinismo, y ahora son campeones de la libertad de expresión.Ahora son maestros de democracia, y antes confundían la unidad con launanimidad y la contradicción con la conspiración, porque lacontradicción era un instrumento de la conspiración imperialista enlugar de ser, como era, como es, la única prueba irrefutable de queestá viva la vida.En el Nuevo Orden Mundial, cuando los burócratas se hacen empresariosy los toros bravíos se vuelven bueyes mansos, cuando muchos amigos deantes se convierten en enemigos de ahora, cobran tremenda actualidadaquellas palabras de Carlos Fonseca Amador, el fundador del FrenteSandinista: "Los amigos de verdad son los que critican de frente y elogian porla espalda".Yo siempre creí que a Cuba se puede quererla sin mentir coincidenciasni callar divergencias. Y ahora estoy más que nunca seguro de que nohay otra manera de quererla, ni dentro ni fuera de sus fronteras,porque la coincidencia que se alimenta de la divergencia es la únicaforma de amor digna de fe.No son muy honrosos, que digamos, estos tiempos que estamos viviendo.Pareciera que se está disputando la Copa Mundial del Felpudo. Uno tiene laimpresión, y ojalá sea una impresión equivocada, de que los gobiernos compitenentre sí a ver quién se arrastra mejor por los suelos y quién se deja pisar conmayor entusiasmo. La competencia venía de antes, pero a partir de los atentadosterroristas del 11 de septiembre, hay una casi unanimidad en la obsecuenciaoficial ante los mandones del mundo.Casi unanimidad, digo. Y digo que hoy me siento orgulloso de recibiresta distinción en el país que más claramente ha puesto los puntossobre las íes diciendo no a la impunidad de los poderosos, el país quecon más firmeza y lucidez se ha negado a aceptar esta suerte desalvoconducto universal otorgado a los señores de la guerra, que ennombre de la lucha contra el terrorismo pueden practicar a su antojotodo el terrorismo que se les ocurra, bombardeando a quien quieran ymatando cuando quieran y a cuantos quieran. En un mundo donde elservilismo es alta virtud; en un mundo donde quien no se vende, sealquila, resulta raro escuchar la voz de la dignidad. Cuba estásiendo, una vez más, boca de esa voz.A lo largo de más de cuarenta años, esta Revolución, castigada,bloqueada, calumniada, ha hecho bastante menos que lo que queríapero ha hecho mucho más que lo que podía. Y en eso está. Ella siguecometiendo la peligrosa locura de creer que los seres humanos noestamos condenados a la humillación.A ella le doy, en ustedes, mis muchas gracias.
miércoles, 22 de abril de 2009
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"Solo tengo dos certezas: la de la ansiedad de lo absoluto que hay en mi y la imposibilidad de volver el caos del mundo a un orden racional" Albert Camus