
Antes que nada debo agradecer la comunidad Eman por las felicitaciones que me hicieron llegar. Siempre he sido muy contradictorio, pero haber obtenido tantas palabras de elogio para un peronista en un reducto taaannn opositor no es un logro menor, teniendo en cuenta el tufillo triunfalista que surge luego de una elección tan mala para quienes podríamos ser catalogados de "bastante" oficialistas.
Todo lo que cuenta Dani es así: unas semanas atrás le conté sobre mi matrimonio, habida cuenta de que estaba haciendo las cosas con el mayor encuadre legal: paso por el Registro Civil con acompañamiento familiar incluido, y luego un brindis. Con bajo perfil, tranquilos y sabiendo que luego sobrevenía nada menos que una luna de miel en zonas más cálidas que las que dejaríamos atrás. En algún momento también se lo había comentado a Kuma: estaba un poco recargado de tareas y no aportaría mucho por internet en las semanas siguientes.
Reflexiones sobre las bodas
Indudablemente el matrimonio es una zona de culto femenino. Toda mujer de mis alrededores no dejó de vivir el hecho con pasión descomunal. En cada rincón de mi entorno no se habló de otra cosa en los últimos tiempos.
Mientras que mi ingenuidad siempre alcanzó para pensar en un trámite de esos que al fin y al cabo pareciera no dejar de ser sino un contrato, para las mujeres es como una especie de milagro al cual asisten imbuídas de fe y arroz para arrojar a los participantes. Ojo que sé que generalizo, pero muchas de las militantes por los derechos de la mujer a último momento abren la cartera para extraer su pañuelito (de papel, los otros contagian gripe A).
Lo interesante de esto es que abarca a la totalidad de las mujeres: las nenas hoy están empapadas del tema, desde que la compañía Disney ha marketineado a fondo una serie de princesas dibujadas en el tiempo: Blancanieves, Cenicienta y hasta la Sirenita. ¿A qué no saben para qué nacieron todas estas niñas de la realeza (además de para aprender a bailar bien el vals)? ¡Sí, señores: para casarse!
Un futuro político
Y bien, ya de regreso me encuentro con todo este terremoto político (¿sería que no tendría que haberme ido?)
Creo que los Kirchner no supieron leer muy bien todo lo que tenían por delante, y en política los errores no se curan como las heridas, sino que muchos logros terminan al fin, como en "Misión Imposible" autodestruídos en pocos segundos.
Cuando digo los Kirchner incluyo, por supuesto, a todo su entorno. Escuché recién un comentario en el cual un ministro habría declarado algo así como "yo siempre pensé que había que hacer lo contrario, pero Néstor me pidió que hiciera esto otro", una idea apenas del fuerte manejo gubernamental en cientos de temas como el que atrapó esta semana a Ocaña.
Soy peronista y tuve la oportunidad de vivir al peronismo desde que nací, así que también considero que Perón fue uno de los líderes más lúcidos y con mayor conocimiento teórico y práctico de estrategia y política. Pero fue el que más fácil perdió, y varias veces. Perdió en octubre del 45, en setiembre del 55 y todo lo que visualizó antes de su muerte terminó fracasando. El otro grande de la política argentina, Frondizi, también perdió. Y poniendo estos ejemplos como paradigma, Kirchner a la luz de las pobrísimas declaraciones de estos últimos días no pudo menos que hundirse.
El peronismo sigue siendo el fenómeno del país maldito: no nos pueden borrar pero desean que desaparezcamos, nos saben necesarios pero nos detestan. Y muchas veces se olvidan que, como todo, somos apenas un producto humano. ¿Cómo atemperar tantos enfrentamientos que surgen de estructuras definidas por la competencia: sean negocios, deportes o política? ¿Cómo pedirles moderación a tanta gente cuyo carácter ha sido modelado en demostrar día a día que "la tienen más grande que nadie"?
El futuro político: siempre es apasionante.